CIC Colectivo La silla

CIC Colectivo La silla
Chile

jueves, 5 de marzo de 2009

OMAR ORTIZ - Colombia


PANDI

Eran los años en que los sueños me habitaban.
Como el malabarista que en el semáforo se juega el alma
en compañía de la muchacha que se alimenta de fuego, transitábamos mi madre y yo sobre los muertos
que en el día simulaban ser pájaros ciegos.
Peregrinos de la piedra, en romería a las aguas termales,
olorosas a azufre,
topábamos los límites del inframundo,
donde reinaba el jinete sin cabeza,
mientras mi madre, como si nada ocurriera, iba señalando los nombres de los árboles:
éste es un guayacán, decía, aquel, un arrayán,
el que está junto a las grandes rocas, un guayabo,
y así uno tras otro, desfilaban ocobos, guanábanos,
gualandayes, almendros,
mientras yo recordaba el golpeteo de los cascos sobre las losas.
Hoy, cuando sólo quedan guijarros calcinados,
y no existen arboledas que podamos bautizar,
mientras la gran bestia devora a nuestros hijos,
la voz de mi madre dibuja en mi memoria hermosos follajes.


ANAPOIMA

De niños jugábamos a develar fantasmas.
En las noches rodeábamos al tío Alcibíades que indicaba:
“Esas luces que asedian el aguacate no son luciérnagas,
son las ánimas”.
El patio de tierra era el hogar de las presencias.
Si el resplandor semejaba el color de la luna,
de seguro era esencia femenina.
Por el contrario, si el destello se mostraba como un ínfimo rayo de sol, no había pierde se trataba
de un espíritu macho.
Algo me ha quedado de aquellas lúdicas cábalas.
Se de cierto que mientras esto escribo,
la lumbre que me ronda tiene la forma y el brillo de tus ojos.

A Isabel Cristina Tobón


INVENTARIO

Poseo algunos nidos de pájaros entre los anaqueles de
mi biblioteca y un rico tiempo que los nutre.
Una brizna de hierba que me regaló una muchacha
de ojos claros.
Con ella y con los penachos de la última cosecha de maíz
mis aves construyen sus refugios.
Tengo también un papel que sueña ser un barco
y en él una mano desconocida escribió: te espero.
Algunos versos acompañan mis pertenencias,
pero es mejor no citarlos ya que serán otros mañana.
Hay un río, como uno de los bienes por fuera del comercio,
que nace en la lustrosa cabellera de la más joven de las hechiceras.
Además, en el marco de la ventana florece el jazmín
que recuerda el olor de una vieja fotografía.
Para ser preciso, mi casa del barrio de los salesianos sólo
existe, con su mobiliario y sus espejos, desde el sueño
donde la arena dibuja tu cuerpo.

RESEÑA

Omar Ortiz nació en Tulúa, Valle, Colombia, en 1950. Poeta, editor, gestor cultural, profesor universitario, abogado. Dirige la revista de poesía Luna Nueva. Ha publicado los libros de poesía: La tierra y el éter, 1979; Que junda el junde, 1982; Las muchachas del circo, 1983; Diez Regiones, 1986; Los espejos del olvido, 1991; Un jardín para Milena, 1993; El libro de las cosas, Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia, 1995; La luna en el espejo, 1999; Los espejos del olvido, Antología, 1983-2002; Diario de los seres anónimos, 2002. De su poesía ha dicho Juan Manuel Roca: “Su lenguaje sin alardes, el virtuoso desenfado agridulce, un lirismo vigilado, la manera como pastorea los vacíos que siempre están medrando en los linderos del lenguaje, hacen que su voz sea reconocible en el concierto -muchas veces desafinado- de la poesía colombiana. La poesía de Omar Ortiz, me deja el buen sabor de alguien que no se traiciona, y que no es traicionado tampoco por las palabras que como las adormideras, se abren o se cierran al tacto de un buen creador”.





JUAN ANTILLÓN -COSTA RICA

MECÁNICA

“He tenido un sueño”
M. L. King

Tal vez el compartir
un nombre de rebelde
le ayudó
a concebir su sueño.

Siempre se dijo
en la cuenca del Mississippi
y del Missouri
que soñar no bastaba.

Pero
es una aplicación
del Principio de Arquímedes
que
aplicada en lo justo
la palanca de un sueño

puede mover el mundo.

MIRÁNDONOS DE REOJO

El sexo es lo irracional.

El amor
por el contrario

es de una
coherencia
perfecta
pues
como una maldición
estarás
condenado
a amar
en otros

sólo

lo que amarías
en tí mismo.



EPITAFIO

Durante
toda
su vida

-péndulo
entre
sombra
y
ensueño-

el labio
fue
muralla
pantano
la página
en blanco
donde
la palabra
se detuvo
en fórmula
y quimera

guillotina
de la luz
fueron
sus párpados
detrás
de la música
solo
percibió

el silencio

que vendría


RESEÑA

JUAN ANTILLÓN nació en Costa Rica el 22 de diciembre de 1940. Obtuvo Licenciatura en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica. Libros: Isla; Rosa de papel y Bandera de música. Seleccionado para la antología de líderes y visionarios del siglo XX (como la publicitaron) Prayers for a Thousand Years (Harpers, EE. UU., 2000), editada por New Age International. Premio Nacional de Literatura de Costa Rica Aquileo J. Echeverría. Premio Latinoamericano Ramón del Valle Inclán. Fue Pre-Candidato a la Presidencia de la República de Costa Rica, Partido Liberación Nacional (socialdemócrata), 1992. La fuente más directa y segura para hablar sobre la poesía de Juan Antillón, es su ensayo “Sobre la Poesía”, que se incluye en su libro Rosa de Papel: “En un mensaje de gran complejidad se puede justificar la dificultad de comunicación por su nivel de abstracción, pero no en los enredos de palabras carentes de coherencia lógica” (…) “el ojo del poeta descubre los matices ocultos de la realidad, no inventa esa realidad” (…) “porque el uso de absurdos solo empobrece la reflexión poética” (…) “Hay excesos de floritura, de retórica, tanto en lo formal como en lo sustancial. El resultado tiende a ser igualmente deplorable.” (…) “De modo que si formalmente mi poesía es sencilla, es una sencillez buscada, lograda después de mucho depurar la expresión. La claridad de la palabra, no la simplificación del contenido. “Lo otro a lo que me he sujetado … es la búsqueda de belleza en la expresión, musicalidad, ritmo, armonía” (…) “Y no estoy hablando de métrica y rima consonante, que más bien pueden ser “ayudas” o facilitaciones para lograr esa armonía; si uno prescinde de tales muletas y hace verso libre, no renuncia al imperativo armónico, sino que lo busca en un nivel más alto de expresión. (…) Debe también tenerse en cuenta que se maneja físicamente un plano, una hoja de papel, un espacio de color donde se esparcirán los signos gráficos formando un dibujo (…) ese espacio debe usarse como un recurso más de la expresión, así como la distribución de las palabras en ese espacio. (…) el uso que hago del verso quebrado … como un recurso de ritmo o de sustitución de puntuación o de recurso expresivo paralelo. Pero detrás está también la importancia que doy a cada palabra-símbolo” (…) “Ópticamente, el fraccionamiento del verso permitirá que el ojo-conciencia del lector logre esa percepción completa, dándole a cada símbolo su peso específico, cosa que tiende a no ocurrir cuando la lectura se hace en versos largos y entonces lo que queda es una impresión, una emoción final global, pero a mí me interesa ese ir construyendo de manera plena y paso a paso, comprometiendo la conciencia del lector. (…) Al final, ciertamente queda esa emoción global, pero de camino ha habido muchas cosas más. (...) Una poesía entonces se construye con exquisita precisión, a partir de aquello que deseamos tan vehementemente comunicar y para lograr precisamente eso. Si alguien piensa que eso mata la emoción poética en términos de una cierta espontaneidad, es porque no se ha detenido a pensar el parto intenso de cada nota de la Novena Sinfonía por Beethoven. (…) La emoción, que yo sepa, nunca ha estado peleada con la inteligencia”.

domingo, 15 de febrero de 2009

Violeta Boncheva - BULGARIA

PERFIL

El garfio de la luna que cuelga de mi ombligo
Me colma siempre de plenilunios.
Después estos vacían su molde,
Igual que lo hace la mañana:
Arriba ni una sola estrella,
Abajo, lechos solitarios.
Solo una afelpada albura de nieve sostiene todavía el alfeizar con los codos
Y echa a correr por la resbalosa pendiente,
Cuesta abajo resulta más emocionante aun:
Pareciera que tras un segundo llegara una naranja
Que hubiera mordisqueado su mirada.
Ojala se atragante la muy glotona
Que salpica de sudor su cintura:
Se diría que jamás ha visto un membrillo de dos gibas
Y jinetea su caballo como un gitano.
Repentinos chasquidos aligeran la hora intermedia

Y todo toma su lugar.Incluso el teléfono, el sordo ese,
Desgarrara sus timbrazos
Para demostrar
Que lo recuerdan todavía.


ELLA


Broto entre los ajenjos en el patio
Como si estuviera floreciendo la acedera
Sin secreto alguno en sus ojos
Como campanas de pascua
La dueña de cantos de pájaros
De un perro y un gato.
Se ocupo de los jacintos y el hinojo

Y comenzó a hablarme de historias añejas
Al final me deslizo en las manos
Un huso de colores de su natal Gorna Oriajovitsa
Para que no me perdiera en el camino
YoLa cosmopolita.

LA SILLA


No consiguió la silla partir tras la mujer
Pase a sus cuatro patas
Permanece en su sitio
Delante del jardín
Y solo un cojincillo de colores evoca
Las tibias piernas
Abandonadas largamente encima suyo
Bajo ellas la hierba languidece

El tiempo acecha desde arriba
Ignoro ahora si podrá resistir

La solitaria cuatro patas
El afilado besuqueo de algunas gallinas
Al no haber quien las eche.


CANCION DE LA LLUVIA


Amo la música blanca de la lluvia.
Cuando partí, estaba lloviendo.
Una niebla primaveral de nubes
Desplegó gotas menudas largamente.
Amo la lluvia sobre mis cabellos,

Cuando un gesto impasible las hiela,
Cuando una palabra maligna me ensucia.
La lluvia de nada deja huella.
Que caiga un aguacero en alguna hora tardía,

Cuando nuestros pasos con lentitud retornen.
Un halito de lluvia y el aroma de la noche
Que entren conmigo a casa y se quedan allí.
Que en lluvia sin fin se derrame en mi sueño

Y mi canción naufrague en ella…
La vida arrebata tanta luz.
Ojala al menos la lluvia me dejara.


ESE HOMBRE


Ese hombre está aniquilándose:
no desea ver la nieve,colgado del humo de su cigarrillo
sofoca su garganta con un “gitana”,
engulle bocadillos grasientos, ya fríos,
está enjugando sus ojos en el ombligo desnudo
de la cancionista.
Copos-mariposa se deslizan por el alfeizar,
pero no los advierte(la señora Blanca Nieves se mudó hace ya muchode sus albos aposentos),
y él como un sabueso
ronda el barrio
y arriba siempre hasta esta taberna,
siempre la misma morcilla con trozos de mantecada fin al monumento en su estomago.
Un grito ha obstruido su pecho
como una bola de nieve:
su cabeza – la fatigada campanilla –cuelga apoyada en la palma de su mano.
¿Verano, mar?
Nada que se le parezca.

Una de estas noches se plantara bajo este cielo,
allí permanecerá mientras resista,
un auténtico hombre de nieve –estupefacto, surrealista, con un cigarrillo –blanco y taciturno,
sosegado,
como la nieveque cadenciosamenteestá cayendo.


AMOR

Ese río larguísimo
apacibles sus aguasen derredor las hierbas amargas
zozobraron
la nieve huele a limpio
y como barcas los pájaros se cruzan
de insolación dos naranjas se parten
y en una balsa inmenso el fuego arde.
Entre el alba y el acoso transitamos

son un lazo viviente nuestros brazos
y es imposible que sola se desate el hada revoltosa
que aquí arribara hace cien años.
La cual incluso después de nosotros

habrá de conducirla balsa de fuego
y la nieve.


PARA TI


Imagino palabras
y las ordeno
roca
que me proteja de la rotación inanimada
ciervo
que cargue entre sus astas

un trozo de mañana
helecho
que ha brotado de súbito en la arena
canción
que mane de coros celestiales
ballena
llevando a lomo el mar entero
corazón
Escribo al final
Y te lo entrego.


Breve Reseña

Ha escrito siete libros, cinco de poesía y dos de prosa. El libro para niños “El sombrerote” y su último poemario “En el ombligo de la luna” son bilingües, traducidos por el profesor mexicano Reynol Pérez Vázquez.
Violeta es Miembro de la Sociedad de Escritores Búlgaros. Ganadora de premios nacionales e internacionales (en EEUU y España), ha publicado sus cuentos y versos en revistas literarias de México, Chile, Estados Unidos, Grecia.
Actualmente, además de escribir, trabaja como Profesora de idioma Español en un Colegio Preparatorio de su ciudad, en Bulgaria.