CIC Colectivo La silla

CIC Colectivo La silla
Chile

jueves, 5 de marzo de 2009

JORGE ELIÉCER ORDÓÑEZ- COLOMBIA


TIEMPO DE SEGAR

En Senegal
país de cabras
y mujeres invisibles
ovillando la luna,
cuando muere el poeta
lo sepultan
en el tronco viejo
de un árbol

Al verano
escasea el agua y la comida
Entonces
pájaros migratorios
vienen a picotear
la madera que canta.


RINOCERONTE

Me llaman el fósil cuaternario
el tanque de guerra
la bestia gris de las praderas
el ciego arrecho que persigue a la hembra
el sordo que no escucha los obuses
el solitario que cuida su cuerno
de los furtivos cazadores

Si supieran los mitómanos
que apenas soy un ángel acorazado y sediento
recién salido del pantano


SURICATO

Soy el guardián el que se alza sobre sus patas traseras
para advertir el asedio de los predadores.
Cuando el guepardo tensa su cuerda de carrera
con un solo gesto aviso a los míos
sobre su bella paro fatal presencia.
El aire sopla sobre mis flancos,
arroja sus briznas desde la pradera,
como un tambor de pregones
el mínimo instante del salto
alumbra en mi pupila, se convierte en miedo
y trata de paralizar toda mi sangre.
Pero soy el guardián, el rapsoda de la tribu,
así que emito mi sílaba sencilla
y todos los suricatos
con sus colas, como banderas de combate,
se esconden, obedientes bajo tierra.


RESEÑA

JORGE ELIÉCER ORDÓÑEZ nació en Cali, Colombia, el 16 de abril de 1951. Licenciado en Filología e Idiomas, UPTC, Tunja. Estudios de Lingüística. Universidad del Valle. Cali. Magíster en Literatura Hispanoamericana. Instituto Caro y Cuervo, Bogotá. Profesor de Literatura y Artes del Lenguaje en la UPTC, de Tunja, desde 1991 hasta la fecha. Ha publicado los libros de poesía: Ciudad Menguante, 1991; Vuelta de Campana, Premio Instituto de Cultura y Bellas Artes de Boyacá, 1994; Brújula Insomne, 1997; Farallones, 2000; El Puente de la Luna, 2004; Desde el Umbral, poesía colombiana en transición, antología y estudio introductorio, 2005. Con su ensayo La Fábula poética en Giovanni Quessep, obtuvo el premio Jorge Isaacs a la Crítica Literaria, 1998. En la actualidad dirige la revista institucional de su universidad, UPTC, de Tunja, “Pensamiento y Acción”. Sus artículos se encuentran publicados en las revistas La Palabra (UPTC), Cuadernos de Literatura del Caribe e Hispanoamérica, Universidad del Atlántico, Itaca, Universidad Popular del Cesar, Logos, Universidad de La Salle, Espéculo, Universidad Complutense de Madrid (virtual), Casa de Asterión (virtual). Según Carlos Fajardo, “La poesía de Ordóñez catapulta los imaginarios del origen hasta construirnos la infancia con sus lujuriosos y picaros juegos, la música de marimbas y tambores, esos barrios de la periferia con extraños y olvidados personajes, las luces de diciembre encendidas por el padre. De este modo, invita a salir a los caminos para que, con los ojos de la memoria, veamos con asombro las pequeñas y grandes cosmologías, aprendamos a sentir el rumor y los silencios de su imaginería amorosa.”



OMAR ORTIZ - Colombia


PANDI

Eran los años en que los sueños me habitaban.
Como el malabarista que en el semáforo se juega el alma
en compañía de la muchacha que se alimenta de fuego, transitábamos mi madre y yo sobre los muertos
que en el día simulaban ser pájaros ciegos.
Peregrinos de la piedra, en romería a las aguas termales,
olorosas a azufre,
topábamos los límites del inframundo,
donde reinaba el jinete sin cabeza,
mientras mi madre, como si nada ocurriera, iba señalando los nombres de los árboles:
éste es un guayacán, decía, aquel, un arrayán,
el que está junto a las grandes rocas, un guayabo,
y así uno tras otro, desfilaban ocobos, guanábanos,
gualandayes, almendros,
mientras yo recordaba el golpeteo de los cascos sobre las losas.
Hoy, cuando sólo quedan guijarros calcinados,
y no existen arboledas que podamos bautizar,
mientras la gran bestia devora a nuestros hijos,
la voz de mi madre dibuja en mi memoria hermosos follajes.


ANAPOIMA

De niños jugábamos a develar fantasmas.
En las noches rodeábamos al tío Alcibíades que indicaba:
“Esas luces que asedian el aguacate no son luciérnagas,
son las ánimas”.
El patio de tierra era el hogar de las presencias.
Si el resplandor semejaba el color de la luna,
de seguro era esencia femenina.
Por el contrario, si el destello se mostraba como un ínfimo rayo de sol, no había pierde se trataba
de un espíritu macho.
Algo me ha quedado de aquellas lúdicas cábalas.
Se de cierto que mientras esto escribo,
la lumbre que me ronda tiene la forma y el brillo de tus ojos.

A Isabel Cristina Tobón


INVENTARIO

Poseo algunos nidos de pájaros entre los anaqueles de
mi biblioteca y un rico tiempo que los nutre.
Una brizna de hierba que me regaló una muchacha
de ojos claros.
Con ella y con los penachos de la última cosecha de maíz
mis aves construyen sus refugios.
Tengo también un papel que sueña ser un barco
y en él una mano desconocida escribió: te espero.
Algunos versos acompañan mis pertenencias,
pero es mejor no citarlos ya que serán otros mañana.
Hay un río, como uno de los bienes por fuera del comercio,
que nace en la lustrosa cabellera de la más joven de las hechiceras.
Además, en el marco de la ventana florece el jazmín
que recuerda el olor de una vieja fotografía.
Para ser preciso, mi casa del barrio de los salesianos sólo
existe, con su mobiliario y sus espejos, desde el sueño
donde la arena dibuja tu cuerpo.

RESEÑA

Omar Ortiz nació en Tulúa, Valle, Colombia, en 1950. Poeta, editor, gestor cultural, profesor universitario, abogado. Dirige la revista de poesía Luna Nueva. Ha publicado los libros de poesía: La tierra y el éter, 1979; Que junda el junde, 1982; Las muchachas del circo, 1983; Diez Regiones, 1986; Los espejos del olvido, 1991; Un jardín para Milena, 1993; El libro de las cosas, Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia, 1995; La luna en el espejo, 1999; Los espejos del olvido, Antología, 1983-2002; Diario de los seres anónimos, 2002. De su poesía ha dicho Juan Manuel Roca: “Su lenguaje sin alardes, el virtuoso desenfado agridulce, un lirismo vigilado, la manera como pastorea los vacíos que siempre están medrando en los linderos del lenguaje, hacen que su voz sea reconocible en el concierto -muchas veces desafinado- de la poesía colombiana. La poesía de Omar Ortiz, me deja el buen sabor de alguien que no se traiciona, y que no es traicionado tampoco por las palabras que como las adormideras, se abren o se cierran al tacto de un buen creador”.





JUAN ANTILLÓN -COSTA RICA

MECÁNICA

“He tenido un sueño”
M. L. King

Tal vez el compartir
un nombre de rebelde
le ayudó
a concebir su sueño.

Siempre se dijo
en la cuenca del Mississippi
y del Missouri
que soñar no bastaba.

Pero
es una aplicación
del Principio de Arquímedes
que
aplicada en lo justo
la palanca de un sueño

puede mover el mundo.

MIRÁNDONOS DE REOJO

El sexo es lo irracional.

El amor
por el contrario

es de una
coherencia
perfecta
pues
como una maldición
estarás
condenado
a amar
en otros

sólo

lo que amarías
en tí mismo.



EPITAFIO

Durante
toda
su vida

-péndulo
entre
sombra
y
ensueño-

el labio
fue
muralla
pantano
la página
en blanco
donde
la palabra
se detuvo
en fórmula
y quimera

guillotina
de la luz
fueron
sus párpados
detrás
de la música
solo
percibió

el silencio

que vendría


RESEÑA

JUAN ANTILLÓN nació en Costa Rica el 22 de diciembre de 1940. Obtuvo Licenciatura en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica. Libros: Isla; Rosa de papel y Bandera de música. Seleccionado para la antología de líderes y visionarios del siglo XX (como la publicitaron) Prayers for a Thousand Years (Harpers, EE. UU., 2000), editada por New Age International. Premio Nacional de Literatura de Costa Rica Aquileo J. Echeverría. Premio Latinoamericano Ramón del Valle Inclán. Fue Pre-Candidato a la Presidencia de la República de Costa Rica, Partido Liberación Nacional (socialdemócrata), 1992. La fuente más directa y segura para hablar sobre la poesía de Juan Antillón, es su ensayo “Sobre la Poesía”, que se incluye en su libro Rosa de Papel: “En un mensaje de gran complejidad se puede justificar la dificultad de comunicación por su nivel de abstracción, pero no en los enredos de palabras carentes de coherencia lógica” (…) “el ojo del poeta descubre los matices ocultos de la realidad, no inventa esa realidad” (…) “porque el uso de absurdos solo empobrece la reflexión poética” (…) “Hay excesos de floritura, de retórica, tanto en lo formal como en lo sustancial. El resultado tiende a ser igualmente deplorable.” (…) “De modo que si formalmente mi poesía es sencilla, es una sencillez buscada, lograda después de mucho depurar la expresión. La claridad de la palabra, no la simplificación del contenido. “Lo otro a lo que me he sujetado … es la búsqueda de belleza en la expresión, musicalidad, ritmo, armonía” (…) “Y no estoy hablando de métrica y rima consonante, que más bien pueden ser “ayudas” o facilitaciones para lograr esa armonía; si uno prescinde de tales muletas y hace verso libre, no renuncia al imperativo armónico, sino que lo busca en un nivel más alto de expresión. (…) Debe también tenerse en cuenta que se maneja físicamente un plano, una hoja de papel, un espacio de color donde se esparcirán los signos gráficos formando un dibujo (…) ese espacio debe usarse como un recurso más de la expresión, así como la distribución de las palabras en ese espacio. (…) el uso que hago del verso quebrado … como un recurso de ritmo o de sustitución de puntuación o de recurso expresivo paralelo. Pero detrás está también la importancia que doy a cada palabra-símbolo” (…) “Ópticamente, el fraccionamiento del verso permitirá que el ojo-conciencia del lector logre esa percepción completa, dándole a cada símbolo su peso específico, cosa que tiende a no ocurrir cuando la lectura se hace en versos largos y entonces lo que queda es una impresión, una emoción final global, pero a mí me interesa ese ir construyendo de manera plena y paso a paso, comprometiendo la conciencia del lector. (…) Al final, ciertamente queda esa emoción global, pero de camino ha habido muchas cosas más. (...) Una poesía entonces se construye con exquisita precisión, a partir de aquello que deseamos tan vehementemente comunicar y para lograr precisamente eso. Si alguien piensa que eso mata la emoción poética en términos de una cierta espontaneidad, es porque no se ha detenido a pensar el parto intenso de cada nota de la Novena Sinfonía por Beethoven. (…) La emoción, que yo sepa, nunca ha estado peleada con la inteligencia”.