CIC Colectivo La silla

CIC Colectivo La silla
Chile

martes, 25 de diciembre de 2007

Ana María Rodas - Guatemala, 1937

Inéditos

Mujer que duerme

La mujer ve la luna cruzar por el rectángulo
y abraza al perro antes de abrirse al sueño.
Luna sobre la piel
piel de sirena
Sueños desportillados
amaneceres blancos
Se estira, lee lo que escriben sus amigos


los ama tanto
los ama a todos
El penacho del volcán le avisa
que hay viento norte
A los cincuenta y tantos, dueña de una ventana

de diez metros
de largo
su vientre está dormido
Las sábanas son frescas
La ciudad gime
La mujer sueña


Poeta

El viejo rito me posee


Varias noches sin sueño
después baja el río de sangre
me ahogo en ella y renazco
nueva como moneda
redonda como un sueño
perfecta en mi dolor
recordando sólo lo suficiente del pasado
para construir la

telaraña
con la que cubro mi cama de soltera Sueños de luna

Te soñaba huyendo de mi lado
yo lloraba como tonta sobre los cristales rotos
y encendía las luces para que se advirtieran


las vírgenes
los adornos de plata
la curva que la pared dibuja al internarse
en el terreno

denso
inexplicable
que es el sueño
Ese de anoche
en el que tú brincabas desnudo
mostrando la piel más oscura de tu sexo
y los dientes filudos de animal en celo


Animal que despierta

Soy la gata que camina dentro de mí


conmigo
las leves zarpas afelpadas

He bajado por el río
conservando el gusto por la caza
los ambiguos maullidos

Cuando cierro los ojos atravieso los siglos

Las arenas le dieron el color
a esta piel suave que esconde
una flor mojada entre las fauces
el oro egipcio se ve reflejado en la pupila
de esta gata
que demasiadas veces
recuerda su verdadera condición de fiera

La Reina de Saba habría dado la mitad de sus tierras
por tener estas garras


La luna, siempre

Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo
rasga mi piel con su delgada luz
Cae sobre mi pelo
con la levedad de una sirena
que no se hubiera dado cuenta
que no posee piernas
Solivianta mi sangre
me enciende de locura
me regala una piel fosforescente
y me convierte
aceite hirviendo
en fauna
(cascos y cuernos y cabello desbocado
bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)


Ana María Rodas, nació en Ciudad de Guatemala, en septiembre de 1937. Tiene publicados Poemas de la izquierda erótica (poesía), 1973; Cuatro esquinas del juego de una muñecaEl fin de los mitos y los sueños (poesía), 1984; y, La insurrección de Mariana (poesía), 1993. Sus poemas han sido publicados en antologías en español, inglés y alemán en Centroamérica, Estados Unidos, Inglaterra, Colombia, México, Viena, Roma y Munich. En 1990, recibió el Primer Premio Poesía en el Certamen de Juegos Florales México, Centroamérica y el Caribe de 1990, con su obra La insurrección de Mariana. En el mismo año también obtuvo el Primer Premio en el Certamen de Cuento de Juegos Florales México, Centroamérica y el Caribe de 1990 con su cuento Mariana en la tigrera.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Wislawa Szymborska (Polonia, 1923)

ESCRIBIENDO EL CURRÍCULUM

¿Qué hay que hacer?
Presentar una instancia
y adjuntar el curriculum.

Sea cual fuere el tiempo de una vida
el curriculum debe ser breve.

Se ruega ser conciso y seleccionar los datos,
convertir paisajes en direcciones
y recuerdos confusos en fechas concretas.

De todos los amores basta con el conyugal,
los hijos: sólo los nacidos.

Importa quién te conoce, no a quiénes conozcas.
Viajes, sólo al extranjero.
Militancia en qué, pero no por qué.
Condecoraciones sin mencionar a qué méritos.

Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo
y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia.

Deja en blanco perros, gatos y pájaros,
bagatelas cargadas de recuerdos, amigos y sueños.

Importa el precio, no el valor.
Interesa el título, no el contenido.
El número del calzado, no hacia dónde va
quien se supone que eres.
Adjuntar una fotografía con la oreja visible:
lo que cuenta es su forma, no lo que oye.
¿Qué oye?
El fragor de las trituradoras de papel.


Wislawa Szymborska



POEMAS

DE UNA EXPEDICIÓN NO REALIZADA A LOS HIMALAYAS


Estos son los Himalayas

Montañas de un correr hacia la luna

momento del arranque eternizado

Sobre el cielo abierto

la llanura de las nubes rota,

de un golpe a la nada.

El eco: un sordomudo blanco

el silencio.

Yeti, abajo hay un miércoles,

un abecedario, un pan

y dos más dos son cuatro

y se derrite la nieve

Hay una manzana roja

partida en cuatro.

No sólo crímenes

podría haber entre nosotros,

Yeti, no todas las palabras

condenan a la muerte

Heredamos la esperanza

y el perdón

Mira cómo damos a luz

niños entre las ruinas.

Yeti, tenemos a Shakespeare

Yeti, tocamos el violín

Yeti, cuando anochece

encendemos la luz.

Aquí ni la tierra, ni la luna

y las lágrimas se congelan

o Yeti, puede ser el conejo de la luna

“Señor de la Luna”

piénsalo y regresa.

Entre las cuatro paredes de avalanchas

Estoy llamando al Yeti,

Zapateando para calentarme

sobre la nieve

eterna.



ALEGRÍA DE ESCRIBIR

¿A dónde va la corza escrita por el bosque escrito?

¿A tomar agua escrita

que refleje su hocico puntualmente?

¿Por qué alza la cabeza? ;escucha algo?

Se apoya en cuatro patas que la verdad le presta.

Mueve bajo mis dedos una oreja.

Silencio, esa palabra, susurra en el papel

como las otras y remueve ramas

por las palabras del bosque cansadas.

En la hoja blanca de papel acechan

letras que pueden componerse mal,

frases que pueden ser un cerco

y no habrá salvación.

En la gota de tinta un regimiento

de cazadores enfocan la mira

listos para correr pluma empinada abajo,

cercar la corza y preparar el tiro.

Olvidan que esto no existe

Otras leyes gobiernan el blanco sobre negro

parpadeará el ojo el tiempo que yo quiera

y podré dividirlo en pequeñas eternidades

llenas de balas quietas en el aire.

Por siempre, si lo ordeno; nada pasará aquí.

Ni una hoja caerá si no lo quiero

ni las pezuñas hollarán la hierba

¿Existe pues un mundo sobre el cual

soy un destino independiente?

¿Ese tiempo al que une la cadena de signos,

existe bajo mis órdenes constantes?

La alegría de escribir.

La posibilidad de eternizar.

La venganza de una mano mortal.




Conversación con una piedra

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

Quiero penetrar en tu interior,

echar un vistazo,

respirarte.

-Vete -dice la piedra-.

Estoy herméticamente cerrada.

Incluso hecha añicos,

sería añicos cerrados.

Incluso hecha polvo,

sería polvo cerrado.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

Vengo por mera curiosidad.

Sólo la vida permite satisfacerla.

Quisiera pasearme por tu palacio,

y luego visitar una hoja y una gota de agua.

No me queda mucho tiempo.

Mi mortalidad debería ablandarte.

-Soy de piedra –dice la piedra-

Imposible perturbar mi seriedad.

Vete,

no tengo músculos risorios.

Llamo a la puerta de una piedra.

Soy yo, déjame entrar.

Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,

nunca vistas y bellas en vano,

mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.

Confiésalo: ni tú misma lo sabías.

-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.

Pero no hay espacio disponible.

Bellas, quizá, pero no para el gusto

de tus limitados sentidos.

Puedes verme pero nunca catarme.

Mi superficie te da la cara,

pero mi interior te vuelve la espalda.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

En ti no busco refugio para la eternidad.

No soy desdichado.

Ni carezco de techo.

Mi mundo merece el regreso.

Quiero entrar y salir con las manos vacías.

La prueba de haber estado en ti

se limitará a mis palabras

en las que nadie creerá.

-No entrarás –dice la piedra-.

Te falta el sentido de la participación.

Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.

Incluso la vista omnividente

te resultará inútil si eres incapaz de participar.

No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,

mero intento, vaga fantasía.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

No puedo esperar mil siglos

para entrar en tus paredes.

-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,

acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,

o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.

Pregunta también a un cabello de tu cabeza.

Estoy a punto de reír a carcajadas,

de reír como mi naturaleza me impide reír.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

-No tengo puerta –dice la piedra.



Wislawa Szymborska (Polonia, 1923)

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Nació en Kornik, Polonia, el 2 de julio de 1923. Desde 1931 se radicó en Cracovia y, de 1945 a 1948, estudió literatura polaca y sociología en la universidad Jagielloniana. Es egresada en Letras, no ejerció actividad académica pero sí trabajó durante décadas en revistas literarias, sobre todo dando a conocer a poetas jóvenes.

Publica poesía desde los ‘50. Su poesía es aparentemente sencilla, con una mirada filosófica profunda, que suele incluir un humor algo irónico. No pontifica ni advierte, simplemente mira y ve, y su mirada individual se hace universal.

A partir de 1953 y hasta 1981 trabajó como editora de poesía y columnista en un semanario de Cracovia, al tiempo que publicaba ensayos y artículos, y traducía poemas franceses al polaco. Ha publicado 16 colecciones de poesía, y su obra ha sido traducida a varios idiomas. Entre los reconocimientos que ha merecido se cuentan el premio Goethe (1991), el premio Herder (1995). Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1996.

Libros publicados

* Porque vivimos, 1952

* Llamado al Yeti, 1957

* Sal, 1962

* Cien alegrías, 1967

* Por si acaso, 1972

* Gran número, 1976

* Hombres sobre el puente, 1986

* Fin y principio, 1993)

* Poemas 1957-1993

Premios y distinciones

* Premio de la ciudad de Cracovia, 1954

* Premio del Ministro del Arte y Cultura, 1963;

* Premio de Zygmunt Kaladach, Presidente de la Fundación de Suiza de Koscielski, 1990

* Premio “Goethe”, en Frankfurt, 1991

* Premio Johannes Herder de la Universidad de Viena, 1995

* Premio anual del Pen Club en Polonia

* Premio Nobel de Literatura, 1996

Margarita Laso - Ecuador, 1962

Valdivia

me llamas con humedad

me humedeces con llamas

tu cama es una plantación de palmeras

olla silbadora

el vértigo mío

vértigo viejo como tu espíritu

vértigo tu espíritu

viejo tú



Erosonera (iv)


un ceibo que cuida el horizonte

tiene menos orgullo

que el que orilla tus piernas

un ceibo en tus piernas africanas

matará mi deseo

la cadera cruje como un cangrejo

un crujido en la tenaza de mis huesos

matará mi deseo

trago de ardienteagua

un ceibo te orilla los crujidos

una huella de hollín

los vellos y tobillos

y una equis que enrosca mi cintura

una equis matará mi deseo


La Contemplación (i)


y tus besos

como el órgano de la catedral

como sus tubos

largos

como el dejo de sus bajos

tus besos hondos

graves como la octava de pedales

cuyas lentas vibraciones son las últimas que escucha

el oído humano

fértiles como el teclado de tierra

y la resonancia de sus pesados temblores


En La Memoria De Mis Sentidos


en la memoria de mis sentidos

canoa el dolor de labios

mi cuerpo sobre el tuyo

mis brazos

turbamar

en tu cabeza

la piel del pecho

rosa

la piel del pecho

tus piernas son las puertas de las mías

tus piernas la piragua

mi boca sobre tu boca

busca la sal de su sexo

como la red pincha las aguas

en la memoria de mis sentidos

se hincan tus dientes

mis labios se espantan beso de peces

mis labios se riegan rosa partida

beso partido

rosa de peces

-no te vayas- te dice mi boca colorada

-no te vayas- te dice la memoria de mi


RESEÑA:

MARGARITA LASO (Quito, 1963).Poeta y cantante. Colaboradora de revistas como Cultura del Banco Central del Ecuador y Letras del Ecuador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Varios de sus textos constan en algunas antologías editadas en el país.

BIBLIOGRAFÍA


Verso: Erosonera (Quito, 1991); Queden en la lengua mis deseos (Quito, 1994); El trazo de las cobras (Quito, 1997). Consta en la antología: Poesía erótica de mujeres: Antología del Ecuador (Quito, 2001).s sentidos