CIC Colectivo La silla

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Chile

lunes, 24 de diciembre de 2007

Wislawa Szymborska (Polonia, 1923)

ESCRIBIENDO EL CURRÍCULUM

¿Qué hay que hacer?
Presentar una instancia
y adjuntar el curriculum.

Sea cual fuere el tiempo de una vida
el curriculum debe ser breve.

Se ruega ser conciso y seleccionar los datos,
convertir paisajes en direcciones
y recuerdos confusos en fechas concretas.

De todos los amores basta con el conyugal,
los hijos: sólo los nacidos.

Importa quién te conoce, no a quiénes conozcas.
Viajes, sólo al extranjero.
Militancia en qué, pero no por qué.
Condecoraciones sin mencionar a qué méritos.

Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo
y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia.

Deja en blanco perros, gatos y pájaros,
bagatelas cargadas de recuerdos, amigos y sueños.

Importa el precio, no el valor.
Interesa el título, no el contenido.
El número del calzado, no hacia dónde va
quien se supone que eres.
Adjuntar una fotografía con la oreja visible:
lo que cuenta es su forma, no lo que oye.
¿Qué oye?
El fragor de las trituradoras de papel.


Wislawa Szymborska



POEMAS

DE UNA EXPEDICIÓN NO REALIZADA A LOS HIMALAYAS


Estos son los Himalayas

Montañas de un correr hacia la luna

momento del arranque eternizado

Sobre el cielo abierto

la llanura de las nubes rota,

de un golpe a la nada.

El eco: un sordomudo blanco

el silencio.

Yeti, abajo hay un miércoles,

un abecedario, un pan

y dos más dos son cuatro

y se derrite la nieve

Hay una manzana roja

partida en cuatro.

No sólo crímenes

podría haber entre nosotros,

Yeti, no todas las palabras

condenan a la muerte

Heredamos la esperanza

y el perdón

Mira cómo damos a luz

niños entre las ruinas.

Yeti, tenemos a Shakespeare

Yeti, tocamos el violín

Yeti, cuando anochece

encendemos la luz.

Aquí ni la tierra, ni la luna

y las lágrimas se congelan

o Yeti, puede ser el conejo de la luna

“Señor de la Luna”

piénsalo y regresa.

Entre las cuatro paredes de avalanchas

Estoy llamando al Yeti,

Zapateando para calentarme

sobre la nieve

eterna.



ALEGRÍA DE ESCRIBIR

¿A dónde va la corza escrita por el bosque escrito?

¿A tomar agua escrita

que refleje su hocico puntualmente?

¿Por qué alza la cabeza? ;escucha algo?

Se apoya en cuatro patas que la verdad le presta.

Mueve bajo mis dedos una oreja.

Silencio, esa palabra, susurra en el papel

como las otras y remueve ramas

por las palabras del bosque cansadas.

En la hoja blanca de papel acechan

letras que pueden componerse mal,

frases que pueden ser un cerco

y no habrá salvación.

En la gota de tinta un regimiento

de cazadores enfocan la mira

listos para correr pluma empinada abajo,

cercar la corza y preparar el tiro.

Olvidan que esto no existe

Otras leyes gobiernan el blanco sobre negro

parpadeará el ojo el tiempo que yo quiera

y podré dividirlo en pequeñas eternidades

llenas de balas quietas en el aire.

Por siempre, si lo ordeno; nada pasará aquí.

Ni una hoja caerá si no lo quiero

ni las pezuñas hollarán la hierba

¿Existe pues un mundo sobre el cual

soy un destino independiente?

¿Ese tiempo al que une la cadena de signos,

existe bajo mis órdenes constantes?

La alegría de escribir.

La posibilidad de eternizar.

La venganza de una mano mortal.




Conversación con una piedra

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

Quiero penetrar en tu interior,

echar un vistazo,

respirarte.

-Vete -dice la piedra-.

Estoy herméticamente cerrada.

Incluso hecha añicos,

sería añicos cerrados.

Incluso hecha polvo,

sería polvo cerrado.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

Vengo por mera curiosidad.

Sólo la vida permite satisfacerla.

Quisiera pasearme por tu palacio,

y luego visitar una hoja y una gota de agua.

No me queda mucho tiempo.

Mi mortalidad debería ablandarte.

-Soy de piedra –dice la piedra-

Imposible perturbar mi seriedad.

Vete,

no tengo músculos risorios.

Llamo a la puerta de una piedra.

Soy yo, déjame entrar.

Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,

nunca vistas y bellas en vano,

mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.

Confiésalo: ni tú misma lo sabías.

-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.

Pero no hay espacio disponible.

Bellas, quizá, pero no para el gusto

de tus limitados sentidos.

Puedes verme pero nunca catarme.

Mi superficie te da la cara,

pero mi interior te vuelve la espalda.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

En ti no busco refugio para la eternidad.

No soy desdichado.

Ni carezco de techo.

Mi mundo merece el regreso.

Quiero entrar y salir con las manos vacías.

La prueba de haber estado en ti

se limitará a mis palabras

en las que nadie creerá.

-No entrarás –dice la piedra-.

Te falta el sentido de la participación.

Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.

Incluso la vista omnividente

te resultará inútil si eres incapaz de participar.

No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,

mero intento, vaga fantasía.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

No puedo esperar mil siglos

para entrar en tus paredes.

-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,

acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,

o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.

Pregunta también a un cabello de tu cabeza.

Estoy a punto de reír a carcajadas,

de reír como mi naturaleza me impide reír.

Llamo a la puerta de una piedra.

-Soy yo, déjame entrar.

-No tengo puerta –dice la piedra.



Wislawa Szymborska (Polonia, 1923)

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Nació en Kornik, Polonia, el 2 de julio de 1923. Desde 1931 se radicó en Cracovia y, de 1945 a 1948, estudió literatura polaca y sociología en la universidad Jagielloniana. Es egresada en Letras, no ejerció actividad académica pero sí trabajó durante décadas en revistas literarias, sobre todo dando a conocer a poetas jóvenes.

Publica poesía desde los ‘50. Su poesía es aparentemente sencilla, con una mirada filosófica profunda, que suele incluir un humor algo irónico. No pontifica ni advierte, simplemente mira y ve, y su mirada individual se hace universal.

A partir de 1953 y hasta 1981 trabajó como editora de poesía y columnista en un semanario de Cracovia, al tiempo que publicaba ensayos y artículos, y traducía poemas franceses al polaco. Ha publicado 16 colecciones de poesía, y su obra ha sido traducida a varios idiomas. Entre los reconocimientos que ha merecido se cuentan el premio Goethe (1991), el premio Herder (1995). Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1996.

Libros publicados

* Porque vivimos, 1952

* Llamado al Yeti, 1957

* Sal, 1962

* Cien alegrías, 1967

* Por si acaso, 1972

* Gran número, 1976

* Hombres sobre el puente, 1986

* Fin y principio, 1993)

* Poemas 1957-1993

Premios y distinciones

* Premio de la ciudad de Cracovia, 1954

* Premio del Ministro del Arte y Cultura, 1963;

* Premio de Zygmunt Kaladach, Presidente de la Fundación de Suiza de Koscielski, 1990

* Premio “Goethe”, en Frankfurt, 1991

* Premio Johannes Herder de la Universidad de Viena, 1995

* Premio anual del Pen Club en Polonia

* Premio Nobel de Literatura, 1996