CIC Colectivo La silla

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Chile

jueves, 28 de febrero de 2008

Ida Hernández Caamaño -República Dominicana, 1949

TE RECUPERO A MI MODO


Yo no quiero hacerte realidad

sino

convertir todo el recuerdo

en un suspiro infinito,

canto, flor de lluvia

que huele y no me toca

abrazando en una brizna tu tristeza

hasta el cansancio.

Te recupero a mi modo;

sin olvidar el polvo

ni pensarte a diario

te veo etéreo,

y en la distancia

te siento más cercano.

Quiero desenhebrarte

traerte al horizonte

nuevamente

sin quemarme las manos

ni ahuyentar las palabras

guardándote en secreto

como un misterio ajeno

que ya no puedo descifrar

porque estoy sola,

lejos de tus arenas

temiendo falsearte

al invocar las circunstancias

de tus alrededores,

de mí y de todos los que como yo

se extraviaron contigo

de modo diferente

y sin embargo igual,

perdidos, reencontrados por siempre.

Te me deshaces en la memoria

y aun así quiero

no pisar por tus calles asfaltadas

ni conocer el murmullo

que te encierra,

para dejarte libre

el mito que se clava

en mi melancolía

que nunca,

sin romper el hechizo

tantas manos ausentes,

convertidas en polvo,

en nada,

la instalaron sin límite.




OH MELANCOLÍA


Esta melancolía de mi ser,

que ha nacido en el tiempo,

encontró en él su forma

desparrama y escurre su resina

entre todos aquellos que soy

que me hace ser yo misma en lo adelante.

Con ella me reitero, desaparezco

y vuelvo a cimentar mi existencia

sobre un hilo fino, persistente

que se acuna en su origen

y me recorre haciendo magia

con todo lo que toca.

Yo sigo siendo

como un espejo turbio

de aquellos que han querido

mirarse en el silencio

permaneciendo a veces

a través de mis ojos.

Sigo cual desafío

con los pies saturados de promesas

para andar, desandar y quedarme

resuelta a no descansar nunca

conciliando pedazos de mi sombra

recogidos en la huella que pasa y me detiene.

Oh melancolía

tú me llenas sin piedad de fuerzas locas

y luego me abandonas

al porvenir oscuro

que no busco ni alerto.

Tú sabes poner el límite perfecto

al universo

cuando moja la lluvia

el ayer solamente

y dejas resbalar sobre el cuerpo entumecido

una gota de rocío que llega hasta mi boca.

Eres lágrima de montaña lejana

que anunciada

desciende suave y penetra la vida,

te ubicas en el centro mismo

de los amaneceres y en todos los momentos;

me haces ver hacia atrás, hacia la nada.

Oh melancolía

traducida en la tierra con gaviotas y mares,

en tiempo del mundo

que levanta la vida sobre el viento

persistes en inundar el cuerpo

con recuerdos de dolor, de muerte,

soledad y silencio

acunando en la memoria

la esperanza del canto, la voz,

la palabra extrañada

que tendida en el sueño se recobra de olvido

y tiene en sus colores de crepúsculos

el sabor de infinito

como el amor de ausencia.




COSECHAS DEL TIEMPO


Estoy como desnuda

y para ello

arrojé mi piel cual los lagartos

quité a mi corazón sus experiencias

comenzando la vida

con mis años a cuestas

que sirven para remontarme

sin perder el pasado

que me trilla razones

restaurando memoria

que desentierran sueños.

Voy recogiendo el tiempo

de aquellos que legaron sus palabras

de quienes presentaron credenciales

ante el mundo,

con su canto,

con la voz del dolor, la trascendencia,

el origen y todo lo que adentro se aprisiona,

de lo que guarda el elan que nos fija a la tierra

y se queda presente en la esencia del viento.




HIJA


Una perla nacarada creció en mí

en septiembre, sol del mundo

emigró de los mares, se colocó en la tierra

en una media isla, entre mis manos

yo la entrego a la vida poco a poco.

Esa perla callada, esplendorosa

atesorada en mí, lleva nombre de poesía

cubre ternuras, recoge sus destellos

irradia por las noches

desde su umbral mi sueño.

La mecen golondrinas en invierno,

y un cantar de gaviotas

y mi piel, mis palabras

se derraman en ella lentamente

para centrar mi vida con la suya.




RELEVO EN LA PALABRA


En honor a ti y a tus deseos

levanto la palabra que se escondió en la bruma

recojo de tu vientre lo callado y no dicho

descifro en la penumbra

de tu sueño entrecortado

que en mis manos se expande,

y en mi ser se hace eco,

tu palabra perdida para decir por ti

lo que en tu voz oculta

fue la vida, el dolor y la muerte.

Te recorro en tu carne que es la mía

y buscando comprenderte en el silencio

llega en la soledad un homenaje

a tu existencia transida

que se agotó en el camino hacia la nada,

a tus cenizas que empolva el horizonte,

a todo lo que de ti pernocta

debajo de la tierra humedecida y caliente

imagen y palabras entrañadas por siempre

que a mi ser sobrecogen

en tu ausencia infinita.




LA VIDA EN MEDIA ISLA


Bajo un techo de nubes de esta isla

que sin ser toda nuestra

vive su historia, su vida

cada quien.

En ella estamos.

En ella, donde se enredan los dedos

de soledad y silencio enrarecido

donde es preciso hacer un hueco

para alojar temprano la tristeza,

y un puñado de angustias.

En esta isla pequeña

encontré en las tardes de la vida

un trillo fino de ternura

un oasis profundo para abrevar pasiones,

multiplicar la vida

soñar la trascendencia misma

dejando jirones de amor

impresos en el viento.

Allí le crecieron raíces a mis pies

importunando el vuelo hacia los sueños

apegándome a la tierra calurosa

abordando las orillas del mar que me rodea

como viajero eterno que se amarró a su mundo

para volver al centro, empuñar la palabra

y jugar con mi acento, con mi voz apagada

golpeando la esperanza

resguardada en los humores del tiempo.

En esta media isla,

cruzo por la penumbra y me quedo en la sombra

entrego en cada edad, en mis transmutaciones

la visión del contagio con los años,

hago sonar los dedos intranquila

abono la paciencia

yendo y viniendo de mí hacia los otros,

de los otros a mí, de los otros a los otros

de mí hacia mí misma, hacia la nada…




Breve Reseña



Ida Hernández Caamaño. Manzanillo, República Dominicana (1949). Poeta, narradora, articulista y docente. Se graduó de Doctora en Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Hizo Postgrado de Especialización en Administración y Planificación de la Educación Superior en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) y es egresada de la Universidad de Santiago de Chile y la Organización Universitaria Interamericana. Entre 1979 y 1994 trabajó en el Intec, donde desempeñó varios cargos, hasta ocupar el de Decana de Servicios a la Comunidad Académica. Su conocimiento de la universidad y su identificación con su mística educativa, le permitieron escribir la historia de los veinticinco años de la entidad. A partir de 1995 es profesora de Derecho Laboral en los programas especializados para maestros y directores de centros educativos, y responsable del Círculo Literario de esa institución. En 1981 comenzó a publicar artículos sobre asuntos laborales, la condición de la mujer y otros temas en las páginas del suplemento Isla Abierta, del periódico Hoy. En 1993, apareció su primer poemario, un libro cargado de añoranzas, Viajera del Polvo, en el que evoca su pueblo fronterizo y su adolescencia en Ciudad Nueva, en Santo Domingo. En las páginas de Oh Magazine, del Listín Diario, dio a conocer una serie de estampas en la sección “La mirada¨, escritas a partir de fotografías sobre los más diversos temas. En las revistas Ysabela y Mujer Única, aparecieron sus relatos de amor, reunidos posteriormente en el libro El amor todos los días (2001).

1 comentario:

Luis Peña Sosa dijo...

Ida recibe mis mas sinceros saludos,que grande eres es para mi un gran honor poder compartir contigo la hermosa e inmensa condicion de manzanillero,gracias por expresar esa hermosa condicion,mi email es luispesos@hotmail,si desea comunicate conmigo por esa via